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FRANCISCO ARIAS SOLIS
INTERNAUTAS POR LA PAZ Y LA LIBERTAD, FORO LIBRE, LITERATURA.

21/06/2008 GMT 1.0

Emilio Carrere por Francisco Arias Solis

franciscoarias @ 22:31

EMILIO CARRERE
(1881-1947)

“¡Pobre manteo andrajoso
que sabe el drama angustioso
de mi amargo corazón!
¡Viejo tabardo glorioso
de Verlaine y de Villon!
Rota capa, compañera
de mi loca juventud;
tú, como insigne bandera,
has de cubrir mi ataúd...”
Emilio Carrere.

LA VOZ DEL CANTOR DE LA BOHEMIA MADRILEÑA

Emilio Carrere es el paradigma y portavoz de la bohemia literaria del siglo XX -la bohemia llegó a constituir para él un estilo de vida-, influyó muy decisivamente en un grupo muy nutrido de líricos hambrientos y soñadores de la gloria. Traductor de Verlaine (Poemas saturnianos) e imitador de su bohemia, convirtió la vida en literatura e hizo de su persona la figura del artista decadente, una estampa de época con chambergo y pipa; su bohemia tenía más de oropel que de realidad necesitada y auténtica. Cultivó la novela, la poesía y la crónica con estilo castizo y gran poder evocador en los tipos de la bohemia madrileña que tuvo en él su cantor más destacado. Gozó de gran popularidad en su momento.

Emilio Carrere Moreno nació en Madrid el 18 de diciembre de 1881 y falleció en la misma ciudad el 30 de abril de 1947. Hijo de madre soltera, su madre Eloísa Carrere Moreno falleció al mes de nacer. Su padre Senén Canido Pardo, un famoso abogado y político, transcurrido unos años del nacimiento, quiso hacerse cargo del niño, pero él prefirió quedarse con su abuela materna que vivía muy pobremente.

Desde muy pronto se dedicó al periodismo y a la literatura. Asistió a numerosas tertulias. Fue cronista oficial de Madrid. En su obra poética retrató preferentemente con tonos desgarrados y con desplantes de poeta maldito los ambientes bohemios y el mundo de los bajos fondos madrileños, desde el hampa hasta el de las “musas del arroyo”. También, en la línea escapista del Modernismo, evocó algunas veces acontecimientos y figuras del pasado. Exaltador de un Madrid hampón de bohemios, tahúres y prostitutas, se aplicó con apostólico empeño a apologizar las pretendida pureza que hay en el mundo de los suburbios madrileños, todo ello adobado con los tópicos decadentistas.

Publicó los libros de poemas: Románticas (1902), El caballero de la muerte (1909), Del amor, del dolor y del misterio (1915), Dietario sentimental (1916), Nocturnos de otoño (1920), así como la antología La corte de los poetas, subtitulada “Florilegio de rimas modernas”, y que es la primera recopilación poética del modernismo hispánico. En 1907 publicó en Los Lunes de El Imparcial el poema “La musa del arroyo” que se hizo muy popular.

Carrere es autor, además, de una vasta producción en prosa, en la que destacan sus novelas: La cofradía de la pirueta (1912), Los ojos de la diablesa y La tristeza del burdel (1913), El reloj del amor y de la muerte (1915), Elvira la espiritual (1916), Rosas de meretrecio (1917), Las sirenas de la lujuria (1924) y La calavera de Atahualpa (1925). En su novela La torre de los siete jorobados (1924) mezcla los elementos policíacos, humorísticos y fantásticos. Este misterioso folletín tiene interés como una de las primeras manifestaciones de la novela policíaca en España. Y como dijo el cantor de la bohemia madrileña: “Por los sin ventura que nunca tuvieron / la llave de oro de la inspiración; / por los que no triunfan, por los que murieron... / Por vosotros quiero decir mi oración”.

Francisco Arias Solis
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Gracias

Moliére por Francisco Arias Solis

franciscoarias @ 20:15

MOLIÈRE
(1622-1673)

“La muerte es el remedio de todos los males,
pero no debemos echar mano de éste hasta última hora.”
Molière.

LA VOZ DEL PADRE DE LA COMEDIA FRANCESA

Los cuatro mayores clásicos del famoso siglo de Luis XIV que ningún francés olvida, son Molière, Racine, La Fontaine y Boileau. Para hablar de Molière, seudónimo de Jean-Baptiste Poquelin, todos los elogios son pálidos ante la verdadera adoración que representan los de los críticos franceses, y aun de otros países. No es raro leer que es el más excepcional genio que ha existido, y que sólo él ha realizado el ideal de lo que debe ser la comedia, además de que fue el más profundo e ingenioso pintor del corazón humano. Es algo por el estilo de lo que ocurre en España con Cervantes y en Inglaterra con Shakespeare. Gran verdad es lo de ser profundísimo e ingenioso pintor del corazón humano; lo de finísimo e intencionado ironista, aunque alguna vez la finura se pierda; versificador de estupenda facilidad, maestría, naturalidad y corrección, no en las primeras obras, sino en otras posteriores, sobre todo en las últimas, pues en ellas los versos brotan de sus pluma, en los diálogos de varias de sus comedias, con tan poco esfuerzo visible como si fueran prosa, y mostrando con frecuencia aquel hermoso relieve de ciertas monedas muy bien acuñadas; en fin, un gran creador de tipos inolvidables por su verdad, y de situaciones cómicas que, aunque no todas estén a parecida altura, suelen distinguirse por lo graciosas e inesperadas. Muchas de las obras del padre de la Comedia Francesa están situadas en la cumbre de la comedia en la literatura universal.

Jean-Baptiste Poquelin nació en Paris, siendo bautizado el 15 de enero de 1622. Hijo de un tapicero adscrito a la casa real. Su madre falleció cuando contaba diez años de edad. Estudió con los jesuitas de Clermont y posteriormente inició la carrera de leyes, que abandonaría para recorrer el sur de Francia con la troupe de cómicos denominada “L’Illustre Théâtre”, junto con su amante Madeleine Béjart. A su regreso a París, en 1659, representó ante la corte, con gran éxito, una obra de Corneille y una suya, Las preciosas ridículas; bajo la protección del duque de Orleáns se instaló en la Salle du Petit-Bourbon. En 1662 Luis XIV le concedió el Théâtre du Palais-Royal, y ese mismo año contrajo matrimonio con Armande Béjart, hermana (o hija) de Madelaine. A partir de entonces su obra sería conocida y aplaudida por el público parisino. El 17 de febrero de 1673; Moliére, que interpretaba el papel del enfermo, en su última obra El enfermo imaginario, murió repentinamente, en la cuarta representación de la misma.

Entre sus piezas destacan: Las preciosas ridículas (1659), sátira de los salones “marivaudistes”, en la que los dos pedantes que aparecen en la comedia están tomados de la realidad, y dicen que uno de ellos, ya muy viejo, murió de disgusto de verse retratado de aquel modo; La escuela de las mujeres (1662), su primera gran obra, en la que critica la falta de estudios de la mujer; Tartufo (1664-1669), sátira contra la beatería e hipocresía, cuya representación fue prohibida durante cuatro años; Don Juan o el convidado de piedra, inspirada en la obra de Tirso de Molina, tema de moda también en la época; El misántropo (1666), en la que ridiculiza a un hombre honesto por la forma de imponer sus principios morales; El médico a palos, inspirado en un fabliau de la Edad Media (El villano médico); El avaro (1668), tomado de Plauto, pero desfigurado, y podríamos decir afrancesado, hasta parecer obra original, es quizá la más cómica de sus piezas; El burgués gentilhombre (1670), comedia–ballet en la que un burgués enriquecido decide adoptar las costumbres de un aristócrata; Las mujeres sabias (1672) es un nuevo ataque a la evolución de la mujer en sociedad; y El enfermo imaginario (1673), también comedia-ballet, en la que se satiriza a la clase médica.

En las obras de Molière aparecen elementos de la farsa, pero los que les dio verdadero valor, haciendo de la comedia un género como la tragedia, fueron la descripción de costumbres de la época, que aparece por primera vez en el teatro, y el análisis psicológico de los personajes. Decía Moliére, en su Crítica de la escuela de las mujeres, que era más difícil escribir buenas comedias que buenas tragedias porque, en éstas, costaba menos el remontarse apoyándose en elevados sentimientos, el desafiar en verso a la suerte, el acusar al hado e injuriar a los dioses, que el ahondar, en aquellas, buenamente, en lo que de ridículo existe en los hombres, y presentar de modo agradable en el teatro los defectos de todos. Al pintar a los héroes hacéis con ello lo que queréis, pintando retratos en los que nadie ha de buscar el parecido; pero cuando lo que pintáis son hombres, es preciso hacerlo teniendo el modelo delante, y la gente exige que el retrato se le parezca, seguía diciendo.

Molière que tenía la manía de hablar mal de los médicos y ridiculizarlos, magistralmente, murió a los 53 años, por no hacer caso de lo que le aconsejaban los médicos, y empeñándose en declamar en escena, estando muy real y gravemente enfermo, aquel Enfermo imaginario que fue su última obra, puede decirse que le mató, como nos había dicho en su epitafio: “Aquí yace Molière, el rey de los actores. En este momento hace de muerto, y de verdad que lo hace bien”.

Francisco Arias Solis
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20/06/2008 GMT 1.0

Tiempos de crisis por Francisco Arias Solis

franciscoarias @ 19:57

TIEMPOS DE CRISIS

“No le alcanzaba el jornal ni para morirse.”
Blas de Otero.

SON TRES LAS CRISIS PERMANENTES
QUE AHORA NOS AGOBIAN

Se dice que la crisis es la situación de un asunto o proceso cuando esté en duda la continuidad, modificación o cese. Esto es, sin lugar a dudas, una definición tan genérica, que es aplicable a todo cuanto acontece o puede acontecer, de carácter físico, histórico o espiritual, a lo largo de toda nuestra vida. Pero, lo que también es cierto, es que toda crisis –unas más y otras menos- genera inseguridad al ciudadano.

Se dice, ya de manera casi permanente, que vivimos tiempos de crisis, que todo está en crisis, que estamos pasando una grave crisis, que nadie se libra de pasar por una serie de crisis, etc. Si ello es así, si esto es cierto, la realidad es que estamos pasando la crisis de las crisis. Por tanto, ahora hay múltiples conceptos y situaciones que ya hemos reconocido que están caducos, que han muerto. En definitiva, que ya no valen, que ya no los admitimos. No obstante, aún no están aceptados ni asumidos los repuestos. Y esto así que genera una gran inseguridad al ciudadano.

Por tanto, crisis e inseguridad están íntimamente unidas y sus consecuencias tienen un único receptor: el ciudadano. Si realizamos un rápido zapping, una pasada de puntillas por algunas de las principales crisis, se podría afirmar que son tres las crisis permanentes que ahora nos agobian, nos preocupan por sus consecuencias y, en definitiva, nos generan inseguridad. Tres crisis íntimamente ligadas, con implicaciones muy directas entre ellas. Tres que son: la crisis ideológica, la crisis política y la crisis económica.

Se ha dicho que hoy, todos somos fruto de una sociedad hiperinformada, y que cada cual está obligado a asumir la responsabilidad de su conocimiento. Consecuentemente, hoy ya no se debería mantener esa tradicional separación entre intelectuales y el resto de los ciudadanos. Pero también es cierto que los ciudadanos están cada vez más aislados. La sociedad española actual atraviesa por una profunda crisis de valores. Valores que unos dicen que se han perdido, otros que están en renovación, otros que se necesitan unos nuevos.

Pero la realidad es que esto no va bien. Los comportamientos generales están siendo –cuando menos- inquietantes: se ha desorbitado el culto por el dinero; se está estableciendo una doble moral que, por un lado condena y, por otro, acepta las reglas de este juego; se está autogestando permanentemente la insolidaridad por todo y para todos, como evidencia la reciente aprobación de la “directiva de la vergüenza” por los eurodiputados. Por tanto, no falta quien dice que la nuestra es, una sociedad que, por descreída, no cree en sí misma.

En cualquier caso, frente a los nuevos desafíos, siguen siendo plenamente válidos, los valores democráticos de: libertad, igualdad y solidaridad. Estas son las bases principales ideológicas que junto con un nuevo impulso ético –fundamento básico de la práctica personal y política-, debemos utilizar para evitar y luchar contra la inseguridad que se está trasladando al ciudadano.

No parece claro que fue primero, “si el huevo o la gallina”. Dicho de otra forma, aquí, qué ha sido primero, ¿la crisis ideológica o la crisis política? Tampoco es fácil aclararlo.

Se dice que una de las principales bases para la regeneración política es el llamado impulso democrático. En la actualidad, son claros los síntomas y los problemas que están creando las grandes dosis de deslegitimación y descrédito de la vida política. No debemos olvidar que es importante y urgente abrir un amplio y duro proceso de recuperación de la credibilidad política, de la propia democracia y de los valores sobre los que ésta se asienta.

No hay ninguna duda de que para los ciudadanos la primera variable importante dentro de la crisis económica, es el desempleo. Las consecuencias negativas que aporta están directamente relacionadas con la inseguridad generada al ciudadano. España con una tasa de paro de las más altas de la Unión Europea, tiene la peor parte.

La crisis económica de los últimos años de la primera década del siglo XXI ha mostrado los límites de las estrategias económicas que caracterizaron los años finales del siglo XX. Por eso, cada vez es más evidente la necesaria búsqueda de nuevos modelos de producción que permitan salir de la crisis combinando el crecimiento económico con la solidaridad social. Y como dijo el poeta: “Viva de manera / que nadie se alegre / cuando usted se muera”.

Francisco Arias Solis
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La guerra es un mal que deshonra al género humano.

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Aquel Tratado de Paz de París por Francisco Arias Solis

franciscoarias @ 04:05

AQUEL TRATADO DE PAZ DE PARIS

“Mucho pensabas-en tu honor
y en tu vivir muy poco:
llevabas trágica-tus hijos a morir,
te complacías-de honras mortales,
y eran tus fiestas-los funerales,
¡oh triste España!”
Joan Maragall.

EL PATRIOTISMO DEL DOLOR

Desde la primera reunión de la Conferencia de Paz de París, la diplomacia española se vio impotente para variar un ápice la estrategia norteamericana. Después de ajustar distintas cuestiones de carácter técnico y de redactar con cuidado los dos textos -en inglés y español- que darían igualmente fe del compromiso, el Tratado de Paz pudo ser firmado el 10 de diciembre de 1898. España renunciaba a todo derecho de soberanía y propiedad sobre la isla de Cuba, cede Puerto Rico y recibe la compensación de 20 millones de dólares a cambio de la cesión de Filipinas. España perdía así los últimos restos de su imperio en la marea del reparto colonial de fines siglo XIX.

Aunque el regusto en la idea de la decadencia y degeneración de la raza en la agonía de la nación venía de lejos y no era privativo de España, fue a raíz del Desastre cuando las imágenes de la muerte y desolación anegaron todo tipo de escritos. Los literatos huyendo metafóricamente de la ciudad, salieron al campo y no encontraron allí más que “pueblos opacos y sórdidos” y una raza doblada por la resignación, el dolor, la sumisión, la inercia ante los hechos, la idea abrumadora de la muerte. Tal era la psicología de la raza española, según la veía Azorín en el paso de un siglo a otro. Y de la misma manera la dibujaba Baroja en el Imparcial el 14 de octubre de 1901 cuando relata su viaje a Labraz, que le habían dicho que era una ciudad agonizante y moribunda y se encontró “un pueblo terrible, un montón de casas viejísimas, amarillentas, derrengadas”, con un viejo solitario y casi mudo sentado en la desierta plaza. En lo que escribieron cuando doblaba el siglo, los literatos llamados del 98 inventaron un país moribundo, unos caminos desolados, unos pueblos desertados, una callejas sombrías, oscuridad por todas partes.

En el mes de octubre de 1898, cuando estaba aún caliente la derrota, escribía Joaquín Costa su libro Muerte y resurrección de España, en el que Costa ve a aquella España como un gran cadáver tendido desde los Pirineos a Calpe.

Fustigando la España atrasada e ignorante, nación envilecida por el sistema de recomendación y compadrazgo, Ramiro de Maeztu escribía: “Mueve mi pluma el dolor de que mi patria sea chica y esté muerta”. Y para que se vea que la imagen de la agonía de España no es cosa exclusiva de intelectuales exaltados, bastará recordar al moderado Rafael María de Labra, que confesaba en un discurso en el Congreso de los Diputados, a finales de mayo de 1898 sentir “miedo de que se apague el fuego que anima a nuestra existencia política y social”, si nos descuidamos, advirtió “se apagará”. El Nacional, órgano de Romero Robledo, contra lo que se pudiera esperar, por cuanto su inspirador defendió siempre la guerra, llegó a escribir: “Lo más triste es esta indiferencia del país ante las grandes tristezas”.

Pero esta abundancia de imágenes de tristeza, dolor y muerte no constituye, como a primera vista pudiera parecer, el diagnóstico de una situación, sino el punto de arranque de un metarrelato de salvación: España está muerta porque espera la resurrección. “Hemos de salvar a España, quiéralo o no”, escribía Unamuno a un amigo, dos años después de recordar en la España Moderna (noviembre de 1898) que sólo los intelectuales hablaban a cada momento de su regeneración. De lo que hablaban, pues, estos intelectuales era de que esperaba a España una gloriosa resurrección si, en efecto, se hacía lo que ellos con toda urgencia proponían.

El drama de España, la lucha entre la España que muere y la que nace, duele a Machado que en un hermoso poema -homenaje al libro Castilla de Azorín- nos dirá su fe en una España nueva, de cara al futuro: “Oh tú, Azorín, escucha: España quiere / surgir, brotar. toda una España empieza. / ¿Y ha de helarse en la España que se muere? / ¿Ha de ahogarse en la España que bosteza?” La imagen se repite, con cierto amargo pesimismo, que recuerda a Larra, en uno de los Proverbios y Cantares de Machado: “Ya hay un español que quiere /vivir y a vivir empieza, /entre una España que muere / y otra España que bosteza.”

Resurrección, regeneración, refundación, renacimiento de España: ese “patriotismo del dolor” que Ortega atribuyó a Costa con ocasión de su muerte en un artículo publicado en El Imparcial el 20 de febrero de 1911, y que se extendió como una plaga a finales de siglo, era en efecto una especie de organización del pesimismo “para que fecundara la tierra misma acongojada”. Ortega lo vio perfectamente cuando al afirmar que la tradición española era para él “un grave dolor que me atormenta”, aseguraba no conocer otro medio de “salvar España que librarme de ella”.

Cualquier cosa que se propusiera para la resurrección de España, escuelas, despensas, autonomía regional, descentralización, industria, ciencia o nueva política, había que exigirla en nombre del dolor íntimo provocado por su muerte, pues “dolerse de España no es otra cosa que ser Europa”.

El Año del Desastre revela que la razón histórica venía desde muy atrás siendo desatendida a favor de la de unos intereses institucionalizados, que arbitrariamente, se diputaran como la verdadera España. Es incuestionable que, aparte lo que pudiera significar como espectáculo, el grupo minoritario de los intelectuales ni era respetado ni admirado, ni estimado, ni apreciado sino sólo tolerado. El hombre que cultivaba desinteresadamente cualquier parcela del gran latifundio que usufructúa en las sociedades civilizadas el espíritu era en 1898, como lo es hoy, un extravagante. Y como dijo Unamuno: “Me duele España”.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
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No se debe admitir la violencia ni siquiera contra la violencia

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19/06/2008 GMT 1.0

Foro Libre: Homenaje a Jacinto Verdaguer

franciscoarias @ 05:41

FORO LIBRE
ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
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“Dulce Cataluña
patria de mi amor,
si de ti me alejo
muero de dolor.”
Jacinto Verdaguer.

HOMENAJE DE FORO LIBRE A JACINTO VERDAGUER

El próximo lunes, día 23, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del poeta catalán Jacinto Verdaguer (1845-1902) con motivo del 106º aniversario de su fallecimiento.

Escritor polifacético, cualidad del genio, cultivó Verdaguer todos los géneros poéticos posibles en su tiempo, tanto los propios de la vieja tradición como los que el renacimiento literario en que estaba inmerso pudo crear como peculiares de los gustos y tendencias de la época. Está considerado la figura máxima de la Renaixença.

Resucitó el poema épico artístico de gusto renacentista, cuya tradición se había perdido ya en España desde el siglo XVII, deslumbrando así la atención del mundo literario cuando publicó La Atlántida (1877), obra cumbre de la poesía épica hispánica, calurosamente saludada por la crítica europea y en la que Manuel de Falla basó la obra coral homónima. Después creó Verdaguer el poema de los orígenes de Cataluña, en su leyenda pirenaica, Canigó (1886), en la que hábilmente supo condensar las tradiciones y mitos nacionales de valor eficiente en la historia de los orígenes de la historia de Cataluña, que el poeta logró captar en todas las bellezas populares de su pasado como asimismo expresado con todos los encantos de una lengua plenamente desarrollada. En 1880 obtuvo el título de “Mestre en Gay Saber” por su poesía La barretina.

Su cargo de limosnero le pone en contacto de familias menesterosas que explotan su ingenua caridad, llegando a poner en peligro su cargo en el palacio del marqués de Comillas, que se ve precisado a retirarle su confianza. Se le designa como residencia el santuario de la Gleva. Abandona su residencia sin la autorización del obispo que, ante tal desobediencia, se ve precisado a retirar las licencias eclesiásticas al poeta. Los artículos que publicó con motivo del escándalo se recogen en el volumen En defensa propia (1895-1897). Apoyado por los sectores más progresistas, su entierro congregó a grandes multitudes.

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

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18/06/2008 GMT 1.0

Heinrich Böll por Francisco Arias Solis

franciscoarias @ 21:19

HEINRICH BÖLL
(1917-1985)

“Un soldado que comienza a pensar,
casi ha dejado de serlo.”
Heinrich Böll.

LA VOZ DEL CRISTIANO ANARQUISTA

Heinrich Böll está considerado uno de los más genuinos representantes de la literatura alemana del siglo XX y uno de los autores contemporáneos más populares. Adalid de la mentalidad católica progresista en la Alemania del Oeste, llegó a definirse como cristiano anarquista y puso en evidencia la hipocresía de la Iglesia católica y de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania. En sus obras, impregnadas del realismo más crudo, critica con un gran sentido del humor y con una amarga ironía la sociedad alemana de la posguerra, denunciando los abusos de poder y las injusticias.

Sus novelas, obras dramática, ensayos, relatos y guiones radiofónicos, constituyen un acerado ataque a la sociedad contemporánea, una denuncia en la que la profunda humanidad del autor rechaza el oportunismo, la guerra y el opio de los convencionalismos entre cuyas víctimas suele elegir a sus personajes, en defensa de la libertad de expresión, del amor y la compresión entre los hombres. En los temas que trata, como otros muchos otros escritores alemanes, suele utilizar su experiencia de la guerra y la posguerra.

Heinrich Teodor Böll nació en Colonia el 21 de diciembre de 1917 y falleció en la misma ciudad el 16 de julio de 1985. Hijo de trabajadores, realizó sus primeros estudios en Colonia. Trabaja en una tienda de libros donde tiene su primer contacto con la literatura, trabajo que abandona, al cabo de un año, para consagrarse a la literatura. Cuando se preparaba para estudiar Filología en la Universidad, fue reclutado por el ejército alemán y obligado a intervenir como soldado raso en la Segunda Guerra Mundial. Fue hecho prisionero por el ejército estadounidense y conducido a campos de concentración en Bélgica y Francia. A finales de 1945 regresa de nuevo a Colonia. Böll fue galardonado con el Premio George Büchner; en 1971, fue elegido presidente del P.E.N. Club Internacional , y en 1972 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura por el conjunto de su obra y su influencia renovadora dentro de la literatura alemana.

Böll se dio a conocer con su novela El tren llegó puntual (1949), a la que siguieron otras, centradas en la Alemania convulsionada por la Segunda Guerra Mundial: ¿Dónde estabas, Adán? (1951), Y no dijo ni una palabra (1953), Un día como el presente, Las piedras nuevas (1953), La casa sin amo (1954), novela con la que conmovió la opinión de su país y que fue traducida a los principales idiomas europeos, y El pan de los años jóvenes (1955). La técnica narrativa del “nouveau roman” francés y las vivencias de una Alemania consumista y materialista convergen en Billar a las nueve y media (1960), Opiniones de un payaso (1963), su obra más conocida, Alejamiento (1964), Cuando estalló la guerra (1965), Final de un servicio (1966), Retrato de grupo con señora (1971), Relatos (1972) y El honor perdido de Katharina Blum (1974), en la que denuncia los abusos cometidos por la clase periodística, y que más tarde fue llevada al cine. Entre sus últimas publicaciones destacan Asedio preventivo (1970) y Mujeres ante un paisaje fluvial (1985). Y como dijo el escritor cristiano anarquista: “Me aburren los ateos: siempre están hablando de Dios”.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
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La primera condición para la paz es la voluntad de lograrla.

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17/06/2008 GMT 1.0

Vincenzo Monti por Arias Solis Francisco

franciscoarias @ 21:18

VINCENZO MONTI
(1754-1828)

“¡Oh Libertad! ¡Oh de héroes madre santa,
y de los hombres principal derecho
que está grabado en todo noble pecho
y nuestra parte superior levanta!”
Vincenzo Monti.

LA VOZ DESCONCERTANTE DEL ABATE MONTI

Vincenzo Monti es un poeta clásico de los que sacan a relucir continuamente la Mitología, convirtiendo, a lo mejor, en fría y enmarañada selva de citas eruditas lo que debió ser sólo poesía brotada del alma, llanamente escrita, en buenos versos. Es esto una verdadera lástima, porque cuando quiere, cuando siente hondamente, movido por el entusiasmo o por el odio, sabe hablar alto y claro, en limpios y espontáneos versos. En realidad hay en Monti un poeta que procede de los abates eruditos de la Arcadia, y otro que surge de pronto en la plaza pública, exaltado como Alfieri, hablando recio y claro.

Resulta desconcertante ir siguiendo a Monti, porque lo mismo que combate hoy es lo que defiende mañana, como le ocurre con el Papa, con Napoleón, con toda la vida italiana de su tiempo. Hay algo de veleta en él, al girar rápidamente según de donde sopla el viento, y siempre en provecho propio, con resultados que se traducían en apoyo por parte de los grandes y en pingües pensiones. En este concepto, tiene bien merecida la execración de los patriotas. Sin embargo, el hecho es que iba de triunfo en triunfo, y un autor francés habla de él, al regresar de un viaje a Italia, como de un poeta que allá por el 1821, llevaba ya medio siglo de éxitos excelentes en todos los géneros. Otro autor dice de él que comenzó siendo el abate Monti, fue después el ciudadano Monti y murió siendo el caballero Monti. Todos siempre han estado conformes en que fue un maravilloso traductor de La Iliada, de Homero, sin ser helenista, por lo cual la maledicencia inventó la frase de que “fue el mejor traductor de los traductores de Homero”.

Vincenzo Monti nació en Alfonsine, Emilia Romagna, el 19 de febrero de 1754 y falleció en Milán el 13 de octubre de 1828. Estudió en el seminario de Faenza y más tarde leyes en Ferrara, y, finalmente, se dedicó a la literatura. Perteneció desde 1775 a la academia de la Arcadia y sus primeras poesías, La visión de Ezequiel (1776), La belleza del universo (1881) y Odas al señor de Montgolfier (1784), escritas con depurado clasicismo, le dieron notoriedad en los cenáculos literarios. En 1778 marchó a Roma, siendo secretario del duque Braschi, sobrino de Pío VI, concediéndole el Papa una canonjía y el tratamiento de abate. Escribió contra los revolucionarios franceses (La basvillana, 1793), fue demócrata y poeta de la República Cisalpina y, a la caída de esta, cantor de Napoleón, lo que le valió el nombramiento de historiógrafo y profesor de elocuencia, volviendo a mudar de color político tras Waterloo. Máximo representante, junto con Ugo Foscolo, de la corriente neoclásica italiana, entre sus composiciones cabe destacar: Pensamiento de amor (1782), Versos libres al príncipe don Segismundo Chigi (1783), Prosopopeya de Pericles (1783), Mascheroniana (1800), Místico homenaje (1815) e Invitación a Palas (1819). Estrenó con éxito varias piezas teatrales, como Aristodemo (1787), Galeoto Manfredi (1788), Cayo Graco (1802), Teseo (1804) y Los pitagóricos (1808), y tradujo La doncella de Orleans, de Schiller, y la Ilíada (1810), de Homero. Y como dijo el abate Monti: “Libertà, principio e fonte / del coraggio e dell’onor”.

Francisco Arias Solis
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Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.

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16/06/2008 GMT 1.0

Albert Camus por Francisco Arias Solis

franciscoarias @ 21:50

ALBERT CAMUS
(1913-1960)

“Me rebelo, luego existo.”
Albert Camus.

LA VOZ DE UN HOMBRE REBELDE

Simone de Beauvoir en sus Memorias recuerda la persona de Camus de esta manera: “Era sencillo y alegre. Su buen humor no desdeñaba las bromas inocentes: así llamaba Descartes al camarero del Café Flora, que se llamaba Pascal, pero él se lo podía permitir, pues el encanto personal, que eran resultado de una afortunada dosis de vagancia y de aplicación, le preservaba de la vulgaridad”.

Camus es uno de los escritores europeos modernos que ha gozado en el mundo de mayor influencia y difusión. Como escritor comprometido participó activamente en la Resistencia y fue uno de los fundadores del periódico clandestino Combat, del que fue director y editorialista. Es característica de su pensamiento la afirmación del absurdo constitutivo de la vida y de la naturaleza del ser humano, simbolizado en el mito de Sísifo (El mito de Sísifo, 1942), eternamente condenado a la tarea de empujar hasta la cima del mismo monte la piedra que retrocede una y otra vez. Esta concepción del mundo le emparienta con el existencialismo de Jean-Paul Sartre y su definición del hombre como pasión inútil. Dicho pensador, sin embargo, mantuvo una áspera polémica en contra de Camus, principalmente motivada por su distinta posición ante los problemas políticos. También existen profundas divergencias con Sartre en el campo de su filosofía moral o ética, pues Camus no deduce como Sartre, de la absurdidad del hombre una posición escéptica o angustiosa. Para Camus, ateo como Sartre, hay un ideal que salvaguarda los más altos principios morales y que se hace sentir con tanta mayor evidencia cuanto más absurdo es el mundo.

Albert Camus nació en Mondovi, Argelia, el 7 de noviembre de 1913. Hijo de un modesto agricultor, Lucien Camus. Su madre, Catalina Sintes, era menorquina, y según la descripción que de ella hace Albert Camus, se rompía los huesos fregando los suelos de las casas de familias ricas. “Yo no he aprendido el marxismo en los libros –escribiría más tarde Camus-, lo he aprendido en el dolor y en la miseria”. El escritor francés pasó su infancia y gran parte de su juventud en Argelia, estudió Filosofía en la Universidad de Argel, no pudiendo, por razones de salud, concluir sus estudios. Se dedicó entonces al periodismo después de un corto periodo de participación en un grupo teatral. Funda en Argel el Teatro del Trabajo. Abandona el Partido Comunista del que era afiliado. En 1940 fijó su residencia en París y trabaja como secretario de redacción en el diario Paris-Soir. En 1948 se introduce en el movimiento libertario y Camus pasa a escribir en publicaciones anarquistas. Su pareja sentimental fue María Casares, hija de Santiago Casares Quiroga, Ministro y Jefe de Gobierno de la Segunda República Española. En 1957 obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Albert Camus muere en un accidente de automóvil cerca de Le Petit-Villeblin, el 4 de enero de 1960. Pocos días antes, había escrito: “No conozco nada más idiota que morir en un accidente de automóvil”.

Las etapas de su carrera literaria van desde el absurdo (cuya mejor representación es su novela El extranjero, 1942, y su obra de teatro Calígula, 1944) al humanismo (en su novela La peste, 1947) y a la rebeldía total (en El hombre rebelde, 1951). Sus dos famosas novelas El extranjero y La peste están situadas en Argel. En ellas nos muestra lo absurdo de la existencia humana que ya había definido en su ensayo El mito de Sísifo. Pero este absurdo de la vida sin sentido no le lleva al suicidio o a la búsqueda del más allá. En El extranjero lo contempla indiferente y pasivamente; en cambio, el doctor Rieux de La peste se rebela ante el sufrimiento del hombre y busca la salida para mitigar dicho sufrimiento. En El hombre rebelde medita sobre esta rebeldía ante la conciencia de lo absurdo y de la nada, es decir, ante el aniquilamiento de los valores humanos.

Entre las numerosas obras de Albert Camus también citaremos los ensayos: El derecho y el revés (1937), Bodas (1938) y Cartas a un amigo alemán (1945); novelas y relatos: La caída (1956) y El destierro y el reino (1957); obras teatrales El malentendido (1944), El estado de sitio (1948) y Los justos (1949); y adaptaciones: Réquien por una mujer, de Faulkner (1957), y Los endemoniados de Dostoivski (1959). Tradujo al francés La devoción de la cruz, de Calderón y El caballero de Olmedo, de Lope de Vega. En 1953 se publicaron con el título de Carnets, sus notas de diario, escritas de 1935 a 1942, y en 1994 la novela en que trabajaba cuando murió, El primer hombre.

Albert Camus en su discurso, al serle entregado el Premio Nobel de Literatura, nos dejó dicho que el escritor “por definición, no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren”.

Francisco Arias Solis
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15/06/2008 GMT 1.0

Montaigne por Arias Solis Francisco

franciscoarias @ 22:16

MICHEL DE MONTAIGNE
(1533-1592)

“La conciencia hace que nos descubramos,
que nos denunciemos o nos acusemos a nosotros mismos,
y a falta de testigos declara contra nosotros.”
Michel de Montaigne.

LA VOZ DEL PADRE DEL GENERO ENSAYISTICO

Sin plan, ni método, oscilando entre cierto epicureísmo y el escepticismo que le era propio, Montaigne lleva a cabo en sus Ensayos una serie de lúcidas reflexiones acerca de cuanto lee y observa, empezando por sus propias motivaciones, que han tenido una enorme influencia en el posterior pensamiento universal y que le confirieron un lugar de honor en la historia de la literatura por su contribución fundamental al género ensayístico. Montaigne no sólo es uno de los escritores franceses más grandes, sino que representa excelentemente un aspecto de las postrimerías del Renacimiento: la fusión del humanismo con el análisis moral de los clásicos. Su éxito, no tan grande en los países católicos y en Alemania, fue considerable en Inglaterra, donde traducido desde 1603, hizo surgir toda una escuela de moralistas y popularizó el ensayo.

Michel Eyquem de Montaigne o Michel de Montaigne nació en el castillo de Montaigne, Périgord, el 28 de febrero de 1533 y falleció en Burdeos el 23 de septiembre de 1592. Hijo de unos ricos comerciantes que, gracias a su dinero, se habían convertido en nobles recibió una educación humanista. Su madre descendía de una familia de judíos sefarditas españoles. Se cuenta que, en su infancia, su padre le despertaba todos los días al son de una música agradable; que aprendió el latín por métodos especiales, sin que le costara lágrima alguna, como jugando, que creció rodeado de una atmósfera tal de felicidad que, acostumbrado a ella, él mismo decía, después, que su profesión era vivir muelle y regaladamente, para disfrutar doble de lo que suelen los otros. Fue magistrado del Parlamento de Perigueux y de Burdeos, cargo éste último al que renunció en 1570 para dedicarse al estudio y a la escritura, aunque continuaría con actividades de índole política. En 1580 emprende un viaje por Francia, Alemania, Austria, Suiza e Italia, escribiendo un diario detallado, Diario de viaje, que no vio la luz hasta 1774. Estando en Roma, es nombrado, como antes su padre, alcalde de Burdeos, ciudad donde la peste hace estragos. Le piden que regrese, y él contesta que sería temerario, y que si quieren, irá a discutir con ellos, lo que puede hacerse, no en el mismo Burdeos, sino en un pueblo cercano donde la peste no existe, después de lo cual les desea muchos años de vida y de felicidad. A pesar de este modo de ejercer el cargo, es reelegido al cabo de dos años. Cuando toda Francia arde en guerras de religión y todo el mundo quiere convertirse en famoso hombre de guerra, él , tras cortos ensayos de vida militar, se encierra en su castillo y se esfuerza en ser hombre de paz, que lee tranquilamente sus clásicos latinos. Hasta del estudio hace un mero placer, algo practicado sin esfuerzo, para entretenerse. Así escribe sus Ensayos famosísimos, como quien juega, y les pone un brevísimo prólogo que acaba diciendo que si él fuera uno de los habitantes de aquellas naciones que se dice viven aún “en la dulce libertad de las primeras leyes de la naturaleza”, asegura que se hubiera pintado a sí mismo en su libro “de cuerpo entero y completamente desnudo”. Por lo tanto, como “él mismo es la materia de este libro”, no hay razón, dice, para que el lector emplee sus ocios en un asunto tan frívolo y vano. “Adiós, pues” son sus últimas palabras. Pero el lector no se va, no suelta el original libro, y sigue de sorpresa en sorpresa, como cuando, al tratar de los libros, dice Montaigne campechanamente: “yo soy hombre de alguna lectura, pero de ninguna retentiva”; “el que me hallen en flagrante ignorancia no me afecta para nada, porque apenas respondería yo a otra persona de mis discursos, cuando ni a mí puedo responder de ellos, ni me dejan satisfecho”, “reconocer la propia ignorancia es una de las más hermosas y seguras pruebas del buen juicio que yo hallo”. Claro que después resulta que ni el autor carece en absoluto de retentiva, ni es ningún ignorante, pues los autores que juzga lo demuestran. Lo que él desea es “pasar dulce y no laboriosamente lo que le resta de vida, y no quiere romperse la cabeza por nada, ni por la ciencia, aunque la tenga en mucho”.

Su obra maestra son sus Ensayos comenzados en 1571, cuya primera edición es de 1580, a la que realiza constantes correcciones que aparecen en las sucesivas ediciones de la obra, hasta la edición definitiva, póstuma, en tres volúmenes preparada por su admiradora Marie de Gournay y Pierre de Brach, que data de 1595. A través de sus Ensayos va decantando un ideal de vida conforme a la naturaleza que implica la eliminación de la inquietud producida por la ambición, la consideración de todas las cosas como transitorias y el cumplimiento de las leyes para evitar los males mayores que produce la rebelión contra ellas; todas estas normas constituyen el ideal moral de Montaigne y no tienen otro sentido que el de contribuir a la felicidad individual, que es la única felicidad efectiva y concreta frente a pretendidas grandezas y engañosas abstracciones. En su obra se reflejan con vigor y claridad los caracteres del subjetivismo y del humanismo del siglo XVI, unidos a un escepticismo que nace del descubrimiento de la insignificancia de los seres humanos, que se estiman superiores al resto de las cosas y olvidan los vínculos que les unen a la naturaleza. Y como dijo el ensayista francés: “Los libros son el mejor viático que he encontrado para este humano viaje”.

Francisco Arias Solis
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Edward Young por Arias Solis Francisco

franciscoarias @ 13:32

EDWARD YOUNG
(1683-1765)

“Sólo el hombre que nada espera
es verdaderamente libre.”
Edward Young.

LA VOZ DEL PRECURSOR DEL ROMANTICIMSMO INGLES

Young, uno de los mayores precursores británicos del romanticismo, no pasó de conseguir al principio, con sus odas y tragedias, un éxito mediano; pero luego, después de haberse ordenado, se convirtió en poeta religioso y filosófico, y escribió en la soledad de su presbiterio Las Noches (que éste fue el título adoptado en nuestro país), obra publicada entre 1742 y 1745, y que tuvo su momento de celebridad no sólo en Inglaterra, sino en toda Europa. En España mismo se popularizaron; pero hoy, aun en Inglaterra, su fama no pasa de ser un dato curioso para la historia literaria. La obra es una serie de meditaciones, sobre la vida y la muerte, la virtud, la fe, etc., expresadas en estilo fúnebre, como inspiradas por el fallecimiento de la esposa del autor.

Edward Young nació en Upham, Hampshire, el 3 de Julio de 1683. y falleció en Welwyn, Hertfordshire, el 5 de abril de 1765. Hijo del deán de Salisbury, estudió Derecho en Oxford y, tras trabajar como abogado, se ordenó sacerdote, siendo capellán del rey Jorge II (1728) y rector de Welwyn (1730). En 1731 contrajo matrimonio con lady Elizabeth, hija del conde Lichfiel y viuda con una hija.

Su primera publicación fue de The Last Day (El último día) (1713), poema escatológico sobre el juicio final, dedicado a la reina Ana. En 1714 publicó el poema La fuerza de la religión. Gracias a la protección del duque de Whatson, estrenó en Londres sus tragedias Busiris (1719) y La venganza (1721), que por su pasión y sus finales con suicidio presentan características románticas. No consiguió, sin embargo, ventajas materiales de su fama como escritor ni logró triunfar en la política. Esto encaminó su pluma hacia la sátira; escribe La pasión universal: el amor a la fama (1725-1728), que hubiera merecido mejor fama con la crítica de no haber aparecido en esos años la obra de Pope, superior a ella en todos los aspectos. En 1740 murió su esposa y con escasa diferencia de tiempo su hija natural Narcissa. Esto le inspiró el poema, al que debe su fama, conocido como Las Noches, pero cuyo largo título es Lamentos o pensamientos nocturnas sobre la vida, la muerte y la inmortalidad, una meditación prerromántica ante la tumba. Sus casi 10.000 versos están distribuidos en nueve noches y su influencia fue muy grande tanto por la novedad de su forma, largas series de versos blancos, como por la posibilidad de combinar sentimientos personales de pasión y melancolía con la instrucción moral y el canto a lo sublime. Estas nueve largas meditaciones en verso libre sobre la vida, la muerte, la inmortalidad, la virtud, la amistad, la fe, contenían grandes ideas, expresadas a veces con un vigor patético, con una solemnidad fúnebre que tuvieron una larga resonancia en las almas de su tiempo y aseguraron a Young un inmenso éxito en toda Europa. Young fue traducido al español al menos, tres veces durante el siglo XVIII e influyó en Cienfuegos, en las Noches lúgubres, del gaditano José Cadalso, y en poemas de Meléndez Valdés como “La noche y la soledad”. Young también tuvo mucho éxito con su ensayo sobre la libertad de creación del poeta Conjeturas acerca de la originalidad en la composición (1759). Y como dijo el poeta inglés: “Los hombres creen que todos los hombres son mortales, menos ellos”.

Francisco Arias Solis
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