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FRANCISCO ARIAS SOLIS
INTERNAUTAS POR LA PAZ Y LA LIBERTAD, FORO LIBRE, LITERATURA.

26/09/2009 GMT 1.0

Antón el de los Cantares por Francisco Arias Solís

franciscoarias @ 14:55

ANTONIO DE TRUEBA
(1819-1889)

“Es menester que compongas,
Señor, un poquito el mundo,
porque se ha deteriorado
de tal modo, con el uso,
que el enterrador de Güenes
anda vestido de luto,
porque hace más de dos años
que no se ha muerto ninguno.”
Antonio de Trueba.

LA VOZ DE ANTÓN EL DE LOS CANTARES

Escritor vizcaíno que alcanzó gran notoriedad en el siglo XIX, Antonio de Trueba, con sus famosos cuentos realizó en el Norte de España una labor algo parecida a la de Fernán Caballero en el Sur, siendo muy leído; y al igual que Rosalía de Castro en sus Cantares gallegos, recopila cantares sobre conflictos humanos y pequeños episodios que parafrasean o glosan canciones populares de su tierra natal. De formación autodidacta, tenía gran fecundidad literaria. Canta en sus poesías los sentimientos sencillos y espontáneos del amor a la familia, al hogar, a la tierra, etc. Y como nos dijo el propio poeta vasco: "Fue autor de cantares y narraciones vulgares el que pensaba ser labrador".

Antonio María de Trueba y de la Quintana, conocido también como Antón el de los Cantares, nació en Montellano, Vizcaya, el 24 de diciembre de 1819. Hijo de humildes campesinos, se sintió atraído desde niño por la literatura al oír los romances de ciego, pero tuvo que abandonar pronto la escuela para cultivar la tierra y trabajar en las minas de su tierra natal. Al cumplir los quince años marchó a Madrid para evitar la primera Guerra Carlista. Según nos cuenta Trueba, en uno de sus cuentos: "Veinte fusiles se alzaron por un movimiento instintivo y sin obedecer a voz de mando alguna, y Carmen cayó atravesada de balazos al expirar en sus labios el grito de ¡Viva Carlos V! como su padre había caído al expirar en los suyos el de ¡Viva Isabel II! Mi madre que también había caído sin sentido casi al mismo tiempo, cuando le recobró, exclamó dirigiéndose a mi padre con las manos juntas, en señal de entrañable súplica, y los ojos ciegos de lágrimas: -¡Manuel, vendamos lo poco que tenemos para enviar a este pobre hijo de nuestra alma a donde Dios le libre de la suerte que aquí le espera! Quince días después iba yo camino de Madrid, destinado a la tienda y almacén de ferretería que en la calle de Toledo, número 81, tenía don José Vicente de la Quintana, primo de mi madre y hermano del venerable párroco de mi aldea y vicario del partido eclesiástico a que ésta pertenecía". En la ferretería robó tiempo al sueño para leer a nuestros escritores románticos. En 1845 consigue un puesto burocrático en el Ayuntamiento de Madrid, lo que le permite más tiempo libre para dedicarse a la literatura. En 1851 publicó su primer libro, El libro de cantares, que le dio a conocer en los ámbitos literarios, al tiempo que inicia sus colaboraciones en La Correspondencia de España, Correo de la Moda, El Museo Universal y La Ilustración Española y Americana. En un piso madrileño comparte esperanzas y amarguras con Luis de Eguílaz, el pintor Germán Hernández y algunos más, y en un local de veladas poéticas leían sus composiciones Trueba, Núñez de Arce, Pedro Antonio de Alarcón, Eulogio Florentino Sanz... El escritor vizcaíno también frecuentó la tertulia del Café de la Esmeralda -en la calle de la Montera-. Trueba inicia la publicación de sus cuentos, género en el que llegó a ser maestro, en los que narra los aspectos amables de la realidad. Algunos de ellos, alcanzaron gran popularidad y están recogidos en diversos volúmenes: Cuentos populares (1853), Cuentos de color de rosa (1854), Las hijas del Cid (1859) y Cuentos campesinos (1860). Muchos de estos cuentos tienen como escenario ambientes rurales del País Vasco.

En 1862, las Juntas Generales de Vizcaya proclamaron a Antonio de Trueba, Cronista y Archivero del Señorío, lo que determinó que el escritor se trasladara a Bilbao para el desempeño de sus funciones, y donde, pese a reconocer su precaria formación histórica, se dedicó a recopilar información para escribir "una modesta historia general de Vizcaya", que los disturbios políticos le impidieron concluir. A esta época pertenecen sus obras, Capítulos de un libro, sentidos y pensados viajando por las Provincias Vascongadas (1864), Defensa de un muerto atacado (los Fueros) por el Exmo. Sr. D. Manuel Sánchez Silva (1865), la novela histórica La paloma y los halcones (1865), Cuentos de varios colores (1866), El libro de las montañas (1867), Bosquejo de la organización social de Vizcaya (1870), El molinerillo (1871), La familia cristiana (1871-1872), Resumen descriptivo e histórico de M.N. y M.L. Señorío de Vizcaya (1872) y la novela costumbrista El gabán y la chaqueta (1872).

Tras el paréntesis de la II Guerra Carlista, que hubo de marchar a Madrid (1873) acusado de una supuesta simpatía hacia el carlismo, volvió a Bilbao donde fue rehabilitado, nombrado Padre de la Provincia (1876) y sigue publicando un buen número de obras: Narraciones populares (1874), Exposición dirigida a las Cortes de la Nación por las Diputaciones de las Provincias Vascongadas en 16 de junio de 1876 (1876), Curiosidades histórico-literarias de Vizcaya (1878), Cuentos de madres e hijos (1878), Arte de hacer versos al alcance de todo el que sepa leer (1881), De flor en flor (1882).

Entre sus obras póstumas destacan: El libro de los recuerdos (1898), Cuentos populares de Vizcaya (1905) y Cuentos de vivos y muertos (1909).

Antonio de Trueba elevó varios memoriales a las Cortes, en relación con lo que el consideraba, en defensa de las Tradiciones Vascongadas. "Terminada la guerra (la tercera guerra carlista) -escribía el escritor vizcaíno-, Don Antonio Cánovas del Castillo, ansioso de popularidad, creyó excelente medio de alcanzarla la presentación a las Cortes de un proyecto de ley abolitorio de los fueros vascongados, y en efecto se presentó, y apenas hubo senador ni diputado que se atreviera a arrostrar la impopularidad de negarle su voto".

En uno de los edificios de la plaza elegante y recoleta de los Jardines de Albia de Bilbao, falleció Antonio de Trueba el 10 de marzo de 1889 y en dicho lugar, el 10 de noviembre de 1895, se erigió en su honor, una estatua sedente realizada por Mariano Benlliure, que se costeó con los fondo recaudados entre los vascos de América y de Bizkaia. Y como dijo tan ilustre escritor vasco: "La guerra, que Dios maldiga, y sobre todo la guerra civil, no tiene entrañas ni conoce la justicia"

Francisco Arias Solís

La fórmula salvadora es paz, libertad y justicia.

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24/09/2009 GMT 1.0

Foro Libre: Homenaje a Rómulo Gallegos

franciscoarias @ 07:15

FORO LIBRE
ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 – CADIZ
URL: http://www.internautasporlapaz.org

“Esto de cumplir años no podemos pasarlo
sin melancolía.”
Rómulo Gallegos.

HOMENAJE DE FORO LIBRE A ROMULO GALLEGOS

El próximo lunes, día 28 de septiembre, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del escritor, pedagogo y político venezolano Rómulo Gallegos (1884-1969), con motivo del 40º aniversario de su muerte.

El escritor venezolano condena la guerra, considera que es una calamidad. Gallegos no da a la revuelta tonos tópicos, sino que señala sus terribles efectos, poniendo incluso de relieve en los actos heroicos la dimisión infinita de bestialidad, en páginas realmente ejemplares. Para expresar mejor el drama de los horrores de la guerra, aparece con frecuencia un niño inocente, víctima o espectador desesperado. Gallegos ve el crimen de la guerra sobre todo en relación con el mal que produce en la juventud inocente.
Gallegos vivió exiliado voluntariamente en España (1931-1936) para eludir la senaduría que le ofreciera el dictador Juan Vicente Gómez. Regresó a Venezuela a la muerte de este, siendo Ministro de Instrucción Pública (1936) y Diputado Nacional (1937-40). Coadyuvó a la fundación del partido Acción Democrática y en 1948 ocupó la Presidencia de la República, cargo que desempeñó pocos meses, derrocado por un golpe estado militar liderado por Marcos Pérez Jiménez. Permanece exiliado en Cuba y México, hasta su regreso a Caracas (1960). Premio Nacional de Literatura y nominado al Premio Nobel de Literatura. Su educación en la literatura modernista y su profundo conocimiento de la realidad venezolana aparecen contrastados en sus novelas, lucha entre la civilización y barbarie, y en la doble embestida de su estilo: impresionismo artístico y realismo descriptivo.
Gallegos hace su entrada en el mundo literario hacia 1910 con una serie de narraciones, Los aventureros, inspiradas en el realismo más crudo. En ellas ya se advierten los primeros tonos coloristas y sentimentales que más tarde caracterizarán sus mejores obras. Su primera novela, Reinado Solar (1921), es una obra significativa. Pero ya en 1922 dos novelas cortas, Los inmigrantes y La rebelión, marcan un notable progreso. La aparición de La Trepadora (1925) señala una profunda percepción de la realidad nacional. Cuatro años más tarde, en 1929, Gallegos publica su obra maestra: Doña Bárbara; libro en que plasma la epopeya de la tierra venezolana y de sus gentes. Si una novela de Gallegos puede rivalizar con Doña Bárbara, es Canaima (1935). No menos interesante que los libros mencionados es Pobre negro (1937), novela en la que se debate el problema racial, en una valiente superación de los prejuicios. En la narrativa de Rómulo Gallegos hay otras dos novelas que vuelven a tratar el problema político: El forastero y La brizna de paja en el viento. En Sobre la misma tierra vuelve otra vez a los problemas de su patria tratando el tema de la conmoción que había provocado en el país el descubrimiento y explotación del petróleo. A los problemas de Venezuela están dedicados también los relatos del último libro publicado en vida, La doncella y El último patriota.

Francisco Arias Solís

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

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20/09/2009 GMT 1.0

Feliciano de Silva por Francisco Arias Solís

franciscoarias @ 09:05

FELICIANO DE SILVA
(1492-1548)

“...y á mí paresciéndome que debajo deste estilo
podria más hacer ver la virtud enjerida en tal
representacion, esta segunda comedia de Celestina
escribí y á vuestra señoría la enderecé.”
Feliciano de Silva.

LA VOZ DE LA SEGUNDA COMEDIA DE CELESTINA

Feliciano de Silva es famoso en la literatura española por ser continuador de dos obras: La Celestina y el Amadís de Gaula. Su mejor obra es la Segunda comedia de Celestina (1534), que fue censurada por la Inquisición en 1559, en la que el autor resucita a su protagonista, que vuelve a encontrarse con Elicia y Areusa. Silva fue el primero de los seguidores de Rojas que percibió en la vieja alcahueta, y no en la pareja de amantes, el centro y raíz de la famosa novela dialogada, de ahí que no dude a resucitar a la zurcidora de malas voluntades. El éxito de esta segunda comedia fue tan arrollador que desbordó la influencia directa de Rojas. Los continuadores o imitadores se fijaron más en la resucitada remendadora de virgos que en la original: el toledano Gaspar Gómez, en la Tercera parte de la tragicomedia de Celestina no repara en su paisano Rojas y recoge los personajes de Silva. Igual hará más tarde Alonso de Villegas.

Sólo el durante mucho tiempo anónimo autor de la Tragicomedia de Lisandro y Roselia (1540) Sancho de Muñón, abreva en el original. Menor mérito tiene Silva como continuador de la primera novela de caballerías. Es autor del Noveno libro de Amadís de Gaula, cuyo larguísimo título reza Crónica del muy valiente y esforçado príncipe y cavalleresco de la Ardiente Espada Amadís de Grecia, hijo de Lisuarte de Grecia, Emperador de Constantinopla, y rey de Rodas, que tracta de los grandes hechos en armas y de los de sus altos cargos y extraños amores. Este título es bien significativo de la complicación argumental de la obra, con lances inverosímiles, y también del enrevesamiento de su lenguaje. El mismo carácter tienen, Lisuarte de Grecia (1514), Don Rogel de Grecia (1534) y Don Florisel de Niquea (1532-1551) cuyo protagonista, hijo de Amadís de Grecia, continúa el linaje de los Amadises.

Los libros de caballerías del mirobrigense Silva fueron muy celebrados en su época y traducidos a varias lenguas europeas, aunque Cervantes los trató duramente en el Quijote. En América, la reputación de Silva fue inmensa y Don Florisel de Niquea llegó a ser el libro más popular del Nuevo Mundo. Fue autor asimismo del libro autobiográfico Sueño de Feliciano de Silva (1532).

Feliciano de Silva y Guzmán nació en Ciudad Rodrigo, provincia de Salamanca, hacia 1492 y murió en su ciudad natal el 24 de junio de 1558. Estuvo en Sevilla al servicio del arzobispo don Diego de Deza, al que le dedicó Lisuarte de Grecia, publicado en esta ciudad. Sirvió dos años al emperador Carlos V, durante los cuales pudo haber participado en la Guerra de las Comunidades (1520-1521) del lado del emperador. Hacia 1520 Silva se casó con Gracia Fe, hija de Hernando de Caracena, un judio converso. Feliciano de Silva tuvo siete hijos, cuatro hijas y tres hijos. El 23 de agosto de 1523 se le otorgó el puesto de regidor de Ciudad Rodrigo de por vida, fue también árbitro en los tribunales, perito en testamentos, testigo en posesiones de canonjías. A pesar de ser lego y nuevo cristiano, el cabildo de la catedral le designó como representante en el concilio de Salamanca.

El autor de la Segunda Celestina, Feliciano de Silva, tan maltratado por Cervantes en el Quijote por sus famosos libros de caballerías, fue, como, los otros dos mejores –Rojas y Sancho Muñón-, un encubierto o enmascarado autor de tan excelente obra dramática. Y nos sorprende su lectura por la vivacidad, desenfado, gracia que manifiesta en todas sus escenas esta admirable Segunda comedia de Celestina. Comedia y no tragicomedia, como la de Rojas y Sancho Muñón; difícil le hubiese sido, en efecto; a su autor, volver a matar a Celestina, después de haberla resucitado. Y, de no matarla, tampoco era cosa de hacer morir trágicamente a los apasionados amantes, cuyos nombres, en esta Segunda Comedia, son los algo enrevesados para nosotros de decir: Felides y Polandria. Una vez decidida la meta de fingirse Celestina resucitada ya toda la perspectiva dramática de la obra de Rojas quedaba desviada y no podía seguir ese cauce trágico de su primitiva invención; como haría, con tan extraordinario acierto, apenas unos años después que Silva, el también seudo-anónimo Sancho Muñón, en su Celestina tercera.

La lectura de esta extraordinaria comedia de Silva, no sólo nos divierte y conmueve, sino que nos ofrece curiosidad mayor al compararla y equipararla con su antecesora de Rojas y con sus sucesoras de Sancho Muñón y Lope de Vega en su incomparable Dorotea.

Es curioso que, siendo esta deliciosa comedia de Silva anterior de unos pocos años a la Tragicomedia de Lisandro y Roselia (ésta se sitúa pasado 1540 y aquélla hacia 1534 ), nos parezca más moderna la de Silva, y sobre todo, mucho más cercana a la de Lope. Aunque la Gerarda de Lope muera tragicómicamente, a su vez, cayéndose por la escalera, como es sabido, y mereciendo el comentario adecuado a los testigos de su desdichado accidente mortal: porque “iba a buscar agua y no vino”.

El fantasma de Celestina, resucitada por Silva es tan fantasmal, en efecto, que las jóvenes enamoradas convierten ingeniosamente, a esta Celestina con natural facilidad, en la más infeliz e inofensiva casamentera.

La segunda o renovada Celestina de la comedia de Silva está muy lejos de la endemoniada bruja hechicera, vieja barbuda que envenenó infernalmente el amor natural y puro de Calixto y Melibea, precipitándolo en la tragedia. La comedia de Silva –la más enriquecida de músicas, canciones y serenatas-, tan expresa como expresivamente, elude el canto erótico de la sangre. Por eso es cómica y no trágica . Por eso (tan natural como sobrenaturalmente por eso) acaba en bodas.

Francisco Arias Solís

Jamás hubo una guerra buena o una paz mala.

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18/09/2009 GMT 1.0

Bartolomé de Torres Naharro por Francisco Arias Solís

franciscoarias @ 20:52

BARTOLOME DE TORRES NAHARRO
(h. 1485-h.1524 ó 1531)

“Si por amarte esperaba cortesía,
por mis huesos la querría
si viniesen en tus manos
que la triste carne mía
sé que antes de año y día,
será un montón de gusanos.”
Bartolomé de Torres Naharro.

LA VOZ DEL PRIMER PRECEPTISTA TEATRAL

En el reinado de Carlos I encontramos dos autores, Gil Vicente y Torres Naharro, que a caballo entre el pasado y el Renacimiento, ponen las primeras piedras del teatro español. A Torres Naharro se le considera el primer maestro de la comedia “a fantasía” o drama novelesco -que trata lo fantástico con visos de realidad-, por la complicación y enriquecimiento de la intriga, la multiplicación de personajes, quizá llevada al exceso, y el estudio de los caracteres.

La Propalladia (1517), título con el que Torres Naharro recopiló el conjunto de su obra, es un libro curiosísimo en el que lo mismo se leen versos escritos en latín, como en italiano y en catalán, además del castellano. Hay ya allí el germen del futuro teatro español, con su gracejo, ciertos caracteres, el desarrollo de la intriga, más complicado que antes, con mayor número de personajes, y con tirada de versos que tienen, a veces un primor literario y una gallardía a que antes no se estaba acostumbrado.

Bartolomé de Torres Naharro nace en la Torre de Miguel Sesmero, provincia de Badajoz, hacia el año 1485, las únicas noticias que de su vida tenemos las ofrece él mismo. Soldado, cautivo en Argel y sacerdote en sus últimos años, vivió en Roma y Nápoles al servicio de varias personalidades civiles y eclesiásticas. Sus obras se representaron en la corte pontificia con asistencia en alguna ocasión del Papa. En fecha desconocida regresó a Sevilla, donde escribió sus últimas comedias y al parecer murió entre 1521 y 1531, dándose como fecha más probable la de 1524.

Torres Naharro escribió Propalladia en medio de una corte pontificia de religiosidad barrida por los vientos paganizantes del Renacimiento. Más soldado y cortesano que sacerdote, él mismo es un hombre renacentista aunque aferrado a las fuerzas vectoras del medievo; así, los poemas que incluye en Propalladia, pese a su residencia italiana, son tradicionales y su temática se arraiga en el moralismo satírico medieval, destacan por la flexibilidad métrica Lamentaciones de amor y las Epístolas; y por el contenido, las sátiras, furiosas diatribas contra la curia, contra aquel “castillo de malicia” como define a Roma: “digo que Roma es lugar / do para el cuerpo ganar / habéis de perder el alma”.

Al frente de su “opera omnia”, Propalliada, puso Naharro un prólogo que le convierte en el primer preceptista teatral de la Europa renaciente. Aceptando la división horaciana de las cinco jornadas, define la comedia como un “artificio de notables y finalmente alegres acontecimientos”, dividiéndolas en dos clases; son comedias “a noticia” aquellas que tienen una base real, y “a fantasía” las creadas sobre la pura invención. Y ejemplifica esta división afirmando que al primer tipo corresponden Soldadesca y Tinellaria; al segundo; Serafina e Himenea.

Las primeras piezas de Naharro, Diálogo del Nacimiento y Trofea son ejercicios de aprendizaje a base de Juan del Encina. Pero ya en las dos comedias a noticia, aunque no faltan las influencias de los clásicos latinos, el autor parece haber encontrado camino propio. En Soldadesca, militares italianos y españoles dialogan en un ambiente de vida alegre y desenfadada, no exenta de lances atrevidos. La nota satírica anticlerical se acentúa en Tinellaria: la acción transcurre en una cocina (tinello) de la curia romana y consiste en los comentarios que los criados van desgranando para poner al descubierto las entrañas de la vida pontificia sin pararse en barras ni en la grosería de los vocablos.

En el grupo de comedias de fantasía encontramos dos piezas claves Serafina e Himenea, y dos mediocres, Jacinta y Aquilana (no incluida en la edición de 1517), aunque estas contengan delicadas escenas y otra de dura crítica social. Jacinta, antecedente de Himenea, escenifica un tema socorrido: la protagonista, so disculpa de elegir a uno de ellos por marido, hace relatar a tres peregrinos noticias de sus países.

Himenea es la clave del teatro de Naharro que se anticipa a la comedia de capa y espada del siglo siguiente al poner en escena el problema de la honra: Himeneo y Fabia son sorprendidos durante una cita nocturna por el hermano de la doncella, el cual pretende salvar el honor de la familia matándola. Himeneo le persuadirá a permitir el casamiento.

Torres Naharro es también poeta lírico, aunque utilizó sólo los metros tradicionales y los temas procedentes de la poesía cancioneril. Destacan entre ellas sus Lamentaciones de amor, algunos romances, las sátiras de la Corte papal y un poema licencioso, el Concilio de los galanes y cortesanos en Roma.

Propalladia supone en 1517 para el teatro un paso gigantesco en lo referente a técnica, al manejo de los personajes, a expresividad y a estudio de tipos realistas, de una vitalidad poderosa. Que los esquemas escénicos de Naharro no se impusieran hasta Lope puede parecer extraño; pero la culpa de ello hay que achacársela a la Inquisición que prohibió Propalladia y hasta 1573 no permitió una edición expurgada del libro. Y como dijo nuestro autor: “El decoro en las comedias es como el gobernalle en la nao, el cual el buen cómico siempre debe traer ante los ojos”.

Francisco Arias Solís

Si quieres la paz, trabaja por la justicia.

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Foro Libre: Homenaje a Xavier Zubiri

franciscoarias @ 09:04

FORO LIBRE
ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 – CADIZ
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“El ser no es algo entendido, sino que es ser sentido”.
Xavier Zubiri.

HOMENAJE DE FORO LIBRE A XAVIER ZUBIRI

El próximo lunes, día 21 de septiembre, a las 20.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del filósofo vasco Xavier Zubiri (1898-1983), con motivo del 26º aniversario de su muerte.

Junto a los numerosos pensadores que se especializan en cualquier rama del saber o de las ciencias humanas, emerge un filósofo (sin duda, una de las cabezas pensantes más sobresalientes de la Península), que se mantiene apartado del mundo político-social para consagrarse estrictamente a la reflexión metafísica y antropológica: Xavier Zubiri. Perteneciente a la tradición de los especulativos puros y dotado de una inmensa cultura científica, teológica y filosófica, fue un hombre de primerísimo rango, cuya aportación merece ser comparada con la de los más grandes maestros del siglo XX de la filosofía mundial.
Se trata de la figura más importante de la llamada Escuela de Madrid. Su filosofía pretende volver a las raíces del pensamiento y la inteligencia, reaccionando contra las corrientes positivistas, tecnicistas y pragmáticas.
Xavier Zubiri y Apalategui nació en San Sebastián el 4 de diciembre de 1898, siendo por tanto de la verdadera generación que nace en el 98, García Lorca, Vicente Aleixandre, Concha Méndez, Victoria Kent, Juan José Domenchina, César Muñoz Arconada, Rosa Chacel y José Díaz Fernández. Zubiri vivió en Madrid desde siempre, ciudad en la que falleció el 21 de septiembre de 1983.
A partir de su tesis doctoral Ensayo de una teoría fenomenológica del juicio, Zubiri, ha publicado una larga serie de ensayos de gran contenido filosófico, reunidos casi en su totalidad en el volumen Naturaleza, Historia, Dios. De ellos, los más importantes son: Sobre el problema de la filosofía, Qué es saber, Ciencia y realidad, Cinco lecciones sobre filosofía, Inteligencia sentiente, Inteligencia y logos, Inteligencia y razón, Nuestra situación intelectual, Sócrates y la sabiduría griega y Sobre la esencia.

Francisco Arias Solís

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

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12/09/2009 GMT 1.0

Enrique de Villena por Francisco Arias Solís

franciscoarias @ 09:46

ENRIQUE DE VILLENA
(1384-1434)

“... después de elegido el Rei don Fernando,
en cuyo servicio vino Don Enrique de Villena,
el cual procuró la Reformación del Consistorio
i señaláronle por el principal dellos”.
Enrique de Villena.

LA VOZ DEL AUTOR DEL PRIMER TRATADO DE MÉTRICA

Enrique de Villena es uno de los escritores más interesantes del siglo XV español. Su vida estuvo rodeada de cierta leyenda; parece que fue muy aficionado a todo género de placeres, especialmente eróticos y gastronómicos. Pero fue también un hombre de estudios, interesado por los temas más diversos, cuya curiosidad refleja, por una parte, el mundo y la cultura medievales y anuncia ya las preocupaciones del humanismo prerrenacentista, por otra. Como humanista tradujo la Eneida (1428) y la Divina Comedia (1427), las primeras en castellano; pese a sus deficiencias y errores serían los útiles indispensables del naciente humanismo.

Enrique de Villena, maestre de Calatrava, nació en Cuenca en 1384. Aunque nunca fue marqués se le ha conocido como marqués de Villena y es uno de los personajes ilustres de la época. Nieto de Enrique II de Castilla y biznieto del infante Pedro de Aragón. Quedó huérfano a temprana edad, su padre que había sido desposeído del título de marqués de Villena murió en la Batalla de Aljubarrota en 1398. Educado en la corte de su abuelo Enrique II y posteriormente en la de Enrique III, estudió matemáticas, filosofía y astrología y alquimia. Aficionado a las artes mágicas, tuvo fama de brujo y encantador. Fue destituido de la dignidad de la orden de Calatrava, otorgada por Enrique III. Su capacidad moral ha sido puesta repetidas veces en tela de juicio y Pérez de Guzmán asegura que “fue avido en pequeña reputación de los reyes de su tiempo y en poca reverencia de los cavalleros”, como parecen demostrar algunas bajezas tales como acceder al divorcio para que su mujer, doña María de Albornoz, se convirtiera en amante de Enrique III. A su muerte, ocurrida en Madrid en 1434, casi todas sus obras fueron quemadas por el obispo Lope de Barrientos por orden de Juan II de Castilla.

Entre los títulos que nos han llegado de lo que dejó escrito, se halla el Arte de trovar (1424), dedicado al marqués de Santillana, muy importante para la historia de la literatura ya que es el primer tratado de métrica de nuestra lengua, del que sólo se conservan fragmentos, y del que parece se inspiraba en su gran conocimiento de libros de los trovadores provenzales y catalanes. Otros títulos de sus obras son: el Tratado de la lepra; el Tratado del Arte de cortar del cuchillo o Arte cisoria (1423), la primera obra de recetas culinarias; el Libro de aojamiento o fascinología, compendio de datos médicos y supersticiosos con interesantes descripciones sobre usos pintorescos; Los doce trabajos de Hércules (1417), obra que escribió primero en catalán a ruegos de su amigo el caballero mosén Pero Pardo, y que tradujo luego al castellano, reformándola algo; siguiendo a Dante, Petrarca, Villena hace tras cada trabajo una exposición alegórica, “la verdad de la historia y su aplicación moral”, distinta según los estados o clases sociales del mundo, doce trabajos que se aplican a los doce estados del mundo: “estado de príncipe: estado de perlado: estado de cauallero: estado de religioso: estado de cibdadano: estado de mercader: estado de labrador: estado de oficial: estado de maestro: estado de discípulo: estado de solitario: estado de mujer”.

Francisco Arias Solís

La primera condición para la paz es la voluntad de lograrla.

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09/09/2009 GMT 1.0

Foro Libre: Homenaje a Joaquín Costa

franciscoarias @ 21:40

FORO LIBRE
ASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA (Fundada en 1992)

Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 – CADIZ
URL: http://www.internautasporlapaz.org

“Siendo abogado en España se puede ser de todo,
hasta Reina Madre.”
Joaquín Costa.

HOMENAJE DE FORO LIBRE A JOAQUIN COSTA

El próximo lunes, día 14 de septiembre, a las 19.30 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del político, erudito e historiador aragonés Joaquín Costa (1846-1911), con motivo del 163º aniversario de su nacimiento.

“Escuela y despensa”, pide Joaquín Costa, la personalidad más robusta de la generación del 98. Cronológicamente pertenece a la anterior; su primer trabajo jurídico date de 1876; pero políticamente hay que incluirlo en la del 98, es el dolor de la guerra con los Estados Unidos el que le arranca de sus admirables estudios sobre el derecho, la poesía, la mitología y la organización política y social de la España Ibérica primitiva, y la lanza a un apostolado de regeneración nacional. Es el máximo representante del regeneracionismo, ideología que tanta influencia tuvo en la generación del 98.
Joaquín Costa nació en Monzón, pueblo de la provincia de Huesca, el 14 de septiembre de 1846. Hijo de una familia de humildes labradores. Su infancia y juventud transcurrieron agobiadas por la más extrema pobreza, teniendo que pagarse sus estudios con su corto salario de albañil. Dos acontecimientos juveniles dejaron en él profunda huella. Su visita a la Exposición Universal de París en 1867, a la que asistió como trabajador del pabellón de España, y su paso por la Universidad. Allí, se vinculó al grupo krausista, mientras preparaba los doctorados en Filosofía y Letras y en Derecho. Fue profesor de la Institución Libre de Enseñanza e ingresó en el cuerpo de notarios. Murió en Graus (Huesca), el 8 de febrero de 1911.

Su palabra, oral o escrita, cuando flagela tiene acentos de profeta bíblico. Su prosa política es de antología. Sus fórmulas son sencillas, pero clarividentes. En una de ellas, Reconstitución y europeización de España, título de uno de su libros (1900), resume su más ambicioso programa político. Por europeización entiende, predominantemente, transformación de medio físico económico de España: repoblación forestal, canales y pantanos, regadíos; en suma revolución de la agricultura y de toda la producción. Quiere que España sea rica para todos antes de pensar en repartir la miseria común.

Lo mejor de Costa es el problema vivo de España y lo mejor de España está representado en la obra de Costa. Hay que “fundar improvisadamente en la península una España nueva, es decir, una España rica y que coma, una España culta y que piense, una España fuerte y que venza, una España, en fin, contemporánea de la humanidad, que al trasponer la frontera no se sienta forastera como si hubiese penetrado en otro planeta o en otro siglo”.

Francisco Arias Solís

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad en memoria de Mario Benedetti.

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08/09/2009 GMT 1.0

Rabindranath Tagore por Francisco Arias Solís

franciscoarias @ 19:31

RABINDRANATH TAGORE
(CALCUTA, 1861- SANTINIKETAN, 1941)

“Con la mañana, el mundo ha abierto su corazón de luz.
¡Corazón mío, ve, con tu amor, en su busca!”
Rabindranath Tagore.

LA VOZ DE UN INMENSO CORAZON

Hemos conocido la obra de Tagore a través de la exquisita versión castellana realizada por Zenobia Camprubí en colaboración con su esposo Juan Ramón Jiménez: una versión exacta, bella, como hecha con sabiduría y con amor.

“Rabindranath -escribía Ortega y Gasset- es un poeta místico. Tuvo en su mocedad amores terrenos, que cantó en El jardinero; pero el resto de su obra, espléndido edificio lírico, no tiene más inquilino que Dios”.

El poeta hindú en lengua bengalí, cuyo nombre real era Rabindranath Thakur nació el 6 de mayo de 1861 en Calcuta. Asiste a la escuela, pero su educación es un tanto anárquica. Rebelde desde pequeño a toda instrucción rutinaria, elude una y otra vez la asistencia regular a los diversos centros de enseñanza -después de la escuela, la Academia de Bengala, el Colegio de San Javier- donde sucesivamente es matriculado. Pasado el tiempo, cuando ya se haya en la cumbre de la fama, un periódico de su ciudad natal le reprochará que no tiene aprobadas ni las asignaturas más elementales.

A los trece años empieza ya un poema que titula “Flores silvestres”. Dos años más tarde surgen de su pluma ensayos, artículos, dramas... En 1877 marcha a Inglaterra. A raíz de este viaje terminó un drama sentimental, El corazón roto. A punto de cumplir veinte años fue enviado nuevamente a Inglaterra para que terminase los estudios iniciados en la visita anterior, pero el viaje se malogró y tuvo que regresar pronto a su país.

En diciembre de 1883, el poeta contrajo matrimonio con Mrinalinidebi, de la que tuvo un hijo y una hija. En diciembre de 1900 funda la escuela de Santiniketan -localidad próxima a Bolpur-. En esta escuela Tagore volcó lo más noble de sus afanes y lo más escogido de su enseñanza, buscando hacer de ella una especie de hogar para el espíritu de la India, cuyo don más precioso -en su opinión- es la serenidad reflexiva. Tagore siempre vio en esta escuela, que fue la ilusión de su vida, un ensayo de humanismo práctico y de convivencia humana de alcance universal.

En los primeros años del siglo XX, la prosa de Tagore está representada fundamentalmente por un grupo de novelas, entre las que destaca Gora, en opinión de algunos la más acabada de toda la literatura bengalí. Por esta época reanuda también su producción teatral, Raja (El rey), cuya versión castellana fue titulada El rey del salón oscuro (1910). Un paso más en el camino del simbolismo lo constituye El cartero del rey (1912). La elaboración de estos dramas es coetánea, poco más o menos, de la de Gitánjali, cuyos poemas están escritos entre 1907 y 1910. Gitánjali, cuya versión inglesa, constituyó una especie de revelación en Occidente, es quizá la obra que más ha contribuido a la fama mundial de Tagore. En 1913 se le concedió el premio Nobel de Literatura.

A raíz de la publicación de su novela La casa y el mundo que provocó violentas críticas tachándole de inmoral y antipatriota, Tagore pensó en apartarse ya definitivamente de todo. Pero vencida esa pasajera crisis de desaliento, emprendió, en el verano de 1916, un viaje al Japón y a los Estados Unidos, para dar una serie de conferencias sobre nacionalismo y personalidad, de contenido acusadamente pacifista. Durante la travesía fue escribiendo esos aforismos que constituyen tal vez la más alquitarada quinta esencia de su genio poético y que más adelante reuniría bajo el título de Pájaros perdidos. En 1917 escribió La fugitiva, una quincena de historias donde sus dotes de narrador alcanzan notas de un patetismo emocionante.

Otros títulos destacados de la vastísima producción literaria de Tagore son: los poemarios Cantos del crepúsculo y Cantos de aurora, El bajel del oro, El libro de los cumpleaños, La ofrenda lírica, El jardinero y La luna nueva; dramas como El rey y la reina, La máquina y Adelfas rojas; la novela La feria de la reina recién casada; obras de contenido filosófico-místico y político: La realización de la vida, La religión del hombre; y su autobiografía Recuerdos de mi vida.

A finales de 1921, Tagore funda en Santiniketan, la Universidad Internacional Visba Bharati, con la misión de “alcanzar en su integridad la Cultura Universal”.

Los dos últimos decenios de la vida de Tagore son de una actividad asombrosa al servicio de su más noble idea: la de la paz entre los pueblos, la de la convivencia humana. Como embajador oficioso y como símbolo de la India, como apóstol fervoroso del entendimiento entre Oriente y Occidente, recorre una y otra vez Asia, Europa, las Américas, tan insensible al desaliento de la incomprensión como al cansancio del tremendo esfuerzo físico.

Frente a las atrocidades desencadenadas por la segunda guerra mundial por todo el haz de la tierra, ya no es indignación, como antes, sino dolor, un lacerante dolor, lo que siente. Un dolor que viene de lo mucho que ama; para Tagore, toda guerra es fratricida. El 5 de agosto de 1941 pierde el sentido. Dos días más tarde en su Santiniketan se cierran para siempre los ojos penetrantes del que Gandhi había llamado “Gran Centinela de la India”. Y como dijo el poeta hindú: “La muerte es de la vida, igual que el nacer”.

Francisco Arias Solís

Vivimos en el mundo, cuando lo amamos (R. Tagore).

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad

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Nos gustaría contar con su participación.

Gracias.

06/09/2009 GMT 1.0

Rosalía de Castro por Francisco Arias Solís

franciscoarias @ 15:22

ROSALÍA DE CASTRO
(1837-1885)

“Ahí va la loca, soñando
con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien, pronto, tendrá los cabellos canos.”
Rosalía de Castro.

LA VOZ DE LA EMOCIÓN

Una emoción personal anima bastante versos de Rosalía de Castro, emoción asociada a la visión de un lugar campestre. “No habiendo aprendido en otra escuela que en la que nuestros pobres aldeanos -escribía la poetisa en el prólogo a los Cantares gallegos-, sólo guiada por aquellos cantares, aquellas palabras cariñosas y aquellos giros nunca olvidados, que tan dulcemente resonaron en mis oídos desde la cuna, y que fueron recogidos por mi corazón como herencia propia, atrevíme a escribir estos cantares”. Por todo ello, los mejores versos de Rosalía de Castro son los que escribió en gallego.

No siempre sus temas derivan de alguna emoción nostálgica o melancólica; también ocurren otros de inspiración religiosa. Otros derivan del patriotismo regionalista, en los cuales halla la voz contra la injusticia (“Y el hambre de justicia que abate y que anonada”), que estima cometida por el resto de España contra su región nativa; injusticia simbolizada en la figura del emigrante gallego. “Este vaise e aquel vaise, / e todos, todos se van; / Galicia, sin homes quedas / que te poidan traballar”.

En general, el amor, frustrado es verdad, y el odio, excitan casi siempre a la poesía gallega, y ella misma nos repite en varias ocasiones lo que dice este verso: “En mi pecho ve juntos el odio y el cariño”. Esa confusión de emociones contrarias origina quizás en ella el desasosiego, el descontento de que sus versos se hacen eco tantas veces; aunque acaso otras dé a su voz el tono enérgico que tiene en composiciones como la que comienza: “Atrás, pues, mi dolor vano con sus acerbos gemidos”.

Rosalía de Castro de vida difícil y dolorosa, nace en Santiago de Compostela, el 24 de febrero de 1837 y fue inscrita como “hija de padres incógnitos”. Se cría en Ortoño, al cuidado de una tía, hasta que es reconocida por su madre. Un buen día la niña escribe sus primeros versos. En el Liceo de la Juventud, con 17 años, actúa como protagonista de una representación dramática. En 1856, Rosalía de Castro se traslada a Madrid, al año siguiente publica su primer libro de poemas, en lengua castellana: La flor.

En 1858 Rosalía contrae matrimonio con Manuel Martínez Murguía, destacado historiador de Galicia. A partir del casamiento, el matrimonio cambiará constantemente de domicilio; viajes por Andalucía, Extremadura, La Mancha, Levante. Sufre de un modo punzante, casi enfermizo, la nostalgia de su tierra, del paisaje que le rodea siempre y sin el cual no sabría vivir. El 15 de julio de 1885 muere Rosalía de Castro en la casa de La Matanza, en la parroquia de Iría.

Rosalía de Castro tiene una disposición natural para “sentir como propias las penas ajenas”. En el prólogo de Follas novas se excusa de que puedan tomarla por una “inspirada”, y no estima su libro un libro “trascendental”, ya que por ser mujer es “arpa sólo de dos cuerdas, la imaginación y el sentimiento”. Una observación interesante es: “En este libro prefiero, a las composiciones que pudieran decirse personales, las otras que con más o menos acierto expresan las tribulaciones de aquellos que, unos tras otros y de distintos modos, vinieron durante largo tiempo a sufrir a mi alrededor”. Y eso, en una época cuando el poeta se iba ya alzando frente al resto de la humanidad como criatura única y solitaria por excelencia.

Descontando la originalidad de su obra, la conexión de ella con la poesía galaica, y sobre todo con la gallega medieval, el recuerdo de Bécquer es visible en ella. Y hasta puede hallarse en los versos de la poetisa gallega anticipaciones al acento de algún poeta futuro, como éstos: “Bajemos, pues, que el camino / antiguo nos saldrá al paso... / lleno aún de las blancas fantasmas / que en otros tiempos adoramos”, que hoy pueden recordarnos a Machado, y hasta el tema de un poema bien conocido de Machado: “Yo voy soñando camino”, y lo hallamos en un poema gallego de Rosalía de Castro: “Unha vez tiven un cravo”. En algunos suyos hay cierto anticipo del tono modernista, como en esta otra “salutación del optimista”: “Frescas voces juveniles, armoniosos instrumentos”. Por último, no insistiendo más en estas coincidencias curiosas, sus versos: “Para llenar el mundo / basta a veces un solo pensamiento”, despiertan un eco de aquella sentencia maravillosa de San Juan de la Cruz: “Un solo pensamiento vale más que el mundo”.

En Rosalía de Castro se da esa doble perspectiva: hacia el pasado, de una parte, y hacia el futuro, hacia la poesía moderna, de otra, conectando la poesía de fin del siglo XIX con la mejor poesía de hoy. El atractivo de su poesía ha ido resistiendo el paso del tiempo porque en ella vibra la voz armoniosa y desbordante de la emoción poética.

Publicó en gallego la que es para muchos su obra cumbre, la colección de poemas Cantares gallegos (1872), que alcanzó un gran éxito y es uno de los libros pioneros en el renacimiento de la literatura gallega, a la que siguieron los poemas recogidos en Follas novas (1880); y en español, En las orillas del Sar (1884). También cultivó la prosa, en la que merecen citarse las novelas La hija del mar (1859), en la que exalta la condición femenina, y Flavio (1867). Se interesó de un modo especial por los temas de la humanidad doliente, de donde nace el carácter social de sus obras.

Rosalía de Castro que tanto lugar hizo en sus versos a los humildes, a las víctimas de las injusticias sociales, a la pobreza y al dolor, comprendía y apoyaba a sus paisanos cuando salían de su tierra en busca de pan y... sólo recogían humillaciones y durezas... “Castellanos de Castilla, / tratade ben ós gallegos; / cuando van, van como rosas; / cuando vén, vén como negros”.

Francisco Arias Solís

Debe haber otro modo … de ser humano y libre.

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05/09/2009 GMT 1.0

Victor Hugo por Francisco Arias Solís

franciscoarias @ 20:13

VICTOR HUGO
(1802-1885)

“Dejad amar a la mujer caída,
dejad al polvo su vital calor,
porque todo recobra nueva vida
con la luz y el amor.”
Victor Hugo.

LA VOZ POETICA Y PROFETICA

Victor Hugo es uno de los poetas más geniales del romanticismo y el mayor genio poético que ha tenido Francia. Esto último lo formulaba André Gide diciendo: “¿Que cuál es el mayor poeta de Francia? Victor Hugo, helás!” Y nuestro Menéndez Pelayo, a principios del siglo XX, al iniciar su magnífico estudio sobre el enorme poeta francés, escribía: “Todo indica que la gloria de Victor Hugo ha de pasar todavía por muchas depuraciones y pruebas antes que resueltamente se le tenga por clásico”.

Victor Hugo nació el 26 de febrero de 1802, en Besançon. Hijo de un general de Napoleón, fue educado tanto con tutores privados como en escuelas públicas de París, desde niño viaja por el centro de Europa; Italia y España (1811-1813). A muy corta edad decidió convertirse en escritor. En 1817 la Academia francesa le premió un poema y, cinco años más tarde, publicó su primer libro de poemas, Odas y baladas de corte clasicista. A los veintiún años escribió su primera novela, Han de Islandia (1823), a la que siguieron los dramas Cromwel (1827), primer drama histórico, cuyo prefacio constituye un manifiesto de la nueva estética romántica, que impugna la regla aristotélica de las tres unidades, respetando solo la de acción, admite lo bufo y lo sublime en una misma obra e insiste en la presencia del color local, Marion Delorme (1829) y la obra que marcó un hito en la historia literaria por su ruptura con las rígidas normas de la tragedia francesa: Hernani (1830), de ambiente español y cuyo estreno resultó un escándalo por la polémica originada entre sus detractores, últimos partidarios del clasicismo, y los jóvenes románticos. Para el teatro escribió además Lucrecia Borgia (1833) y Ruy Blas (1838). Tal vez, el aspecto más popular de Hugo es el de novelista, género al que aportó su gran imaginación poética: Nuestra señora de París (1830), reconstrucción histórica del París del siglo XV, Los miserables (1862), epopeya humana, Los trabajadores del mar (1866), El hombre que ríe (1869) y El noventa y tres (1874). La excelencia y perfección formal de sus composiciones poéticas se demuestra en libros como Odas y baladas (1822), Nuevas odas y baladas (1826), Las hojas de otoño (1831) y Los cantos del crepúsculo (1835); a estas siguieron: Las contemplaciones (1856), La leyenda de los siglos (1859-1883), extensa reflexión sobre la lucha entre el bien y el mal, y El año terrible (1872), evocación del sitio de París y de la época de la Comuna. Durante el exilio en Bruselas publicó dos libros satíricos contra Napoleón III: Los castigos (1853) y Napoleón el pequeño. Otros dos poemas fueron publicados a título póstumo: Fin de Satán (1886) y Dios (1891).

La familia de Victor Hugo siempre había sido bonapartista, y él mismo, en su juventud, había sido monárquico, pero cuando se produjo la revolución de 1848, Hugo era ya republicano. En 1851, después del fracaso de la revuelta contra el presidente Luis Napoleón, más tarde emperador con el nombre de Napoleón III, Hugo hubo de emigrar a Bélgica. En 1855 dio comienzo su largo exilio de quince años en la isla de Guernsey. Hugo regresó a Francia después de la caída del Segundo Imperio en 1870, y reanudó su carrera política. Fue elegido primero para la Asamblea Nacional y más tarde para el Senado.

Las obras de Victor Hugo marcaron un decisivo hito en el gusto poético y retórico de las jóvenes generaciones de escritores franceses. Después de su muerte, acaecida el 22 de mayo de 1885, en París, su cuerpo permaneció expuesto bajo el Arco del Triunfo y fue trasladado, según su deseo, en un mísero coche fúnebre, hasta el Panteón, donde fue enterrado junto a algunos de los más célebres ciudadanos franceses.

A pesar del paso de tiempo, el gran fantasma del poeta francés merodea alrededor de su tumba, cantando, con voz vibrante y profunda, cantando y contando su Leyenda de los Siglos Humanos: su poética y profética visión humana de la Historia: visión iluminada, y ensombrecida, de todos los pueblos de Dios. La visión histórica de Hugo, ¿era, fue, sigue siendo una visión humana y fantasmal, una visión profética? ¿Con su libertad y su justicia, su progreso y su paz? Nuestro Menéndez Pelayo nos afirma, muy retóricamente a su vez, que “el martillo de Victor Hugo es el más formidable que ha caído nunca sobre el yunque de la retórica” ¿De la retórica?

¿Es visión retórica la de Victor Hugo o sencillamente poética como la de Dante o Shakespeare, Cervantes o Goethe? ¿Es visión retórica la de la Historia humana victorhuguesca, que levantó en los pueblos esperanzas de paz, de justicia, de progreso, de libertad? Los miserables, Los trabajadores del mar, Los castigos, Las contemplaciones, La leyenda de los siglos con su Fin de Satán, ¿todo eso es visión retórica de la vida y del mundo, retórica del sentimiento, emoción retórica del pensamiento? ¿O de una retórica de verdad? “Respóndate, retórico, el silencio” contestaba la Rosaura de Calderón a su Segismundo. El silencio retórico de la verdad se llama sangre vertida: la voz divina de los pueblos que Hugo escuchó y cantó: “¿Hasta dónde -pregunta, se pregunta a sí mismo Victor Hugo- pertenece el canto a la voz y la voz al poeta?” ¿Por qué, entonces, llamarle retórica y sólo retórico al estilo, al admirable, portentoso estilo poético de Victor Hugo?

Hay una buena y una mala retórica de la poesía: como de la vida; como de la muerte. La retórica, a veces infernal, de Victor Hugo, y precisamente por serlo, nos parece la expresión efectiva -y no expresamente efectista- de la mejor poesía posible.

Victor Hugo, enorme poeta y profeta de nuestro tiempo. “El hombre más dotado -escribe Baudelaire, acaso su mejor discípulo retórico-, más visiblemente elegido, para expresar, por la poesía, el misterio de la vida”. “Ningún artista más universal que él -añade Baudelaire-, más ágil para tomar contacto con las formas universales de la vida”.

Y terminaremos evocando, por siempre actuales cuando se habla de verdadera poesía, como la del mayor genio poético de Francia, estas palabras poéticas que parecen retóricas porque son proféticas: “El hombre que no piensa vive ciego; el que piensa, en la oscuridad. No podemos elegir más que entre negruras”.

Francisco Arias Solís

Donde mora la libertad, allí está mi patria.

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad

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